Carmen + Manolo

 


 

Bajando la calle, asoma la Iglesia de Nuestra Señora de La Asunción de Almogía. Reflejaba con fuerza la luz que durante toda la semana permaneció ausente. Días de viento y lluvia que dieron paso al cielo azul y al sol que se disfruta hoy.

A poco menos de dos horas para que tenga lugar la boda, por las calles del pueblo pasea el silencio, interrumpido por algún “buenos días” de dos vecinas que se cruzan.  Los novios comienzan a prepararse para su gran día.

Ambos se visten con aparente tranquilidad y con el respaldo de toda su gente. Es día de celebración, de querer que todo salga bien y de que finalmente, todo salga mejor.

Carmen recorre la Calle Cristo del brazo de su padre y en apenas 4 minutos sus figuras al contraluz aparecen ante los ojos de Manolo. Empieza la ceremonia los novios no dejan de mirarse el uno al otro mientras sus manos permanecen unidas desde el inicio al “si quiero”.

Llueve arroz y confeti, aplausos, risas, abrazos y enhorabuenas para los novios que reciben el cariño de los suyos que están listos para una gran celebración.

Comienza la fiesta en La Casilla de Maera, en Churriana. Los invitados disfrutan del cóctel entre el buen ambiente, música en directo y  puestos que se disponen entre las luces y sombras de los árboles. Me llama muchísimo la atención un puesto donde una mujer cubana, vestida completamente de blanco, hace a mano y uno a uno los puros que posteriormente disfrutarán todos los invitados.

El olor de la hoja de tabaco y de la madera de cedro usada para encender los puros, era el indicador de que allí y en ese mismo momento comenzaba la verdadera fiesta.